18/8/16

Fundación Patrimonio Fílmico colombiano

Película Garras de oro, 1926
El crédito esta vez es para la revista Semana, que da a conocer las tres décadas de trabajo de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, entidad que trabaja por la memoria del Séptimo Arte de Colombia. Con grandes esfuerzos e imaginación, se ha hecho un trabajo juicioso, persistente y generoso. 
Esta labor permite que los colombianos puedan recorrer las páginas de su historia en el cine nacional y que todos aquellos que nos quieran dar un vistazo lo puedan hacer. Detrás de estos logros está un maestro al que nunca nos cansaremos de rendir tributo, admiración y gratitud: don Hernando Salcedo Silva, fundador del Cine Club de Colombia, el primero del país y posteriormente, de la Cinemateca colombiana. Él dio los primeros pasos y estaría feliz de ver los frutos de su esfuerzo. 
Hoy, el archivo de la Cinemateca colombiana hace parte del Patrimonio fílmico.




3/8/16

Guerra y Paz

En buena hora, El Espectador nos ofrece en su Galería de imágenes 60 AÑOS DE GUERRA Y PAZ EN COLOMBIA
Es la hora del maestro. Es la hora de sumarse y empezar a construir otro país. Es el reto cuyas dimensiones aún no entendemos, al interior del magisterio. Pero cada maestro habrá de preguntarse por su tarea frente a esta necesidad, de construir otra sociedad. 
Quizás la frase de apoyo es la inmejorable capacidad de síntesis de Gabriel García Márquez: por el país próspero y justo que soñamos: al alcance de los niños.

Acá se puede ver la galería del Espectador y para la muestra, el botón de abajo
http://www.elespectador.com/noticias/paz/imagenes-60-anos-de-guerra-y-paz-colombia-galeria-588289

31/3/15

El gran artista del Siglo XX

Charles Chaplin y Jackie Coogan en The kid








Renacer, como la cigarra, después de un tiempo sobreviviendo. Renacer con el mejor, con el gran artista del Siglo XX, Charles Chaplin, que vuelve a andar por el mundo, paseando su viejo continente, con su mirada de niño.

Siempre habrá que volver a Chaplin, ojalá muchos aprovechen la oportunidad. Es una cordial invitación. Y no dejen de llevar a sus niños, que entre ellos se entienden.

30/3/10

II Muestra Iberoamericana de Televisión Infantil





Por el país próspero y justo que soñamos: al alcance de los niños
Gabriel García Márquez





Acaba de suceder este segundo encuentro sobre la televisión que consume la infancia. El evento es organizado por la Comisión Nacional de Televisión, CNTV y acá están los enlaces en donde se puede leer acerca del mismo, de sus fines, patrocinadores y objetivos.
http://www.muestraiberoamericanatvinfantil.com/home.html

El sentido común dice que es loable todo cuanto se haga en función de que la pasen bien niños y niñas. De modo que cada quien juzgue el evento según su punto de vista y quehacer.

Dos reparos se pueden hacer de entrada. El primero tiene que ver con la apropiación que va haciendo el mercado de criterios como el de participativo, pues ocurre lo mismo que cuando una multinacional reune un grupo de indígenas para que firmen un papel que avala, por decir algo, la explotación de un recurso natural que está en su territorio (¿digamos Avatar?). Llaman participativo al acto de firmar y enseguida esclavizan a la población que firmó.

El segundo reparo tiene que ver con el eterno recurso a "lo que se hace para los niños", método con el que se ignora siempre "lo que hacen" o lo que "les gustaría hacer". Este es el camino para evadir discusiones éticas y legales relacionadas con la producción de televisión. Me explico: si ha oído la frase borrar con el codo lo que hace con la mano comprenderá esto tan elemental: se pueden tener los productos ideales para el público infantil pero si el resto de la televisión es deplorable, nada que hacer, no se ha hecho nada. Así de sencillo.

11/1/10

Nueva Manera De Ver Televisión

Los Ángeles/EFE. La revolución de las tres dimensiones llegará a los hogares este año después de su exitoso desembarco en las salas de cine en 2009, donde películas como Avatar, Up o Monsters vs. Aliens despejaron cualquier duda sobre el atractivo y la rentabilidad de esta tecnología.


A partir de la primavera boreal, pero sobre todo tras el verano, las grandes superficies empezarán a comercializar pantallas planas adaptadas para la emisión en 3D de fabricantes como Sony, Panasonic, LG, Toshiba o Samsung, que aprovecharon su participación esta semana en la feria Consumer Electronics Show (CES) en Las Vegas para desvelar sus nuevos productos.

La oferta irá desde televisores completamente equipados para tres dimensiones hasta modelos en 2D preparados para dar el salto al nuevo sistema si el usuario lo decide.

Sin embargo, ninguno de los grandes fabricantes quiso adelantar los precios de esta nueva tecnología, aunque según los analistas es de esperar que los primeros aparatos tengan un coste demasiado elevado para los bolsillos del ciudadano promedio.

El diario británico Daily Telegraph, uno de los pocos en aventurarse en ese terreno, pronosticó que el precio de venta de los televisores en 3D rondaría en Reino Unido entre los 3.000 y los 5.000 dólares (2.000-3.500 euros).

En cualquier caso serán necesarias gafas polarizadas del estilo de las que se emplean en los cines para disfrutar de las 3D en la comodidad de la casa.

22/11/09

Algo de teoría


Para quienes gustan de leer especulaciones o teoría acerca de las múltiples relaciones entre las imágenes y la pedagogía, ofrecemos dos sitios de variadas lecturas. México es un país en el que el Estado ha invertido, durante los últimos años, una buena cantidad de recursos en el tema. Canal 22 y los cinco canales que integran la oferta de televisión educativa son no sólo un gran botón de muestra, sino un referente obligado a la hora de pensar en lo que se requiere para que estas inversiones tengan algún efecto inmediato en el sistema educativo. Ello explica que desde el año 2001 se realiza un Congreso Nacional sobre Imagen y Pedagogía y acá está el enlace.

No es gratuito, tampoco, que sea México un territorio abonado para que florezcan iniciativas en este campo de trabajo. Al fin y al cabo, México representó, durante mucho tiempo, la fuente de la ensoñación en el cine para todos los países hispanohablantes.

El otro país en lograr algo parecido fue Argentina y por eso también allí se hacen esfuerzos apreciables para coger el rábano audiovisual por las hojas de la pedagogía. De allí proviene el segundo enlace, de la Universidad Alberto Hurtado, dentro de un trabajo que se materializa en un encuentro Nacional que realizan sobre Pedagogía de la Imagen. Esperamos que le saquen el jugo a los dos enlaces.

19/10/09

Imágenes

Por: William Ospina*

“MÁS HERMOSOS QUE EL MUNDO SON los mapas del mundo”, decía ingenuamente Horacio Rega Molina.

Hoy asistimos a la versión pervertida de ese sueño: la idea de que las imágenes del mundo son mejores que el mundo. El esfuerzo de ciertos poderes por hacer que el mundo virtual nos fascine más que el mundo real.

El descubrimiento de la fotografía, y su desarrollo espectacular en el cine y en la televisión, parecía llevarnos hacia un momento extasiado de fascinación con la realidad. La obra de los románticos pareció prepararnos para adorar cada grano de arena, para venerar cada hormiga y para deleitarnos con el caldo de infusorios de las más remotas galaxias. Pero pronto llegó la hora en que el reflejo se quiso mejor que el objeto, la sombra mejor que el cuerpo y el fantasma de las cosas mejor que las cosas. Apareció el primado del mundo virtual, y las pantallas empezaron a sustituir al mundo.


Antes, las lámparas alumbraban el espacio circundante. Estas modernas pantallas lo reemplazan y lo subordinan. En los hogares del mundo no hay nada más vivo, más atendido y más omnipresente que el televisor. La realidad fantástica, el aleph resplandeciente, volviendo secundario todo lo demás. Los dramas de la familia existen mucho menos que los de la telenovela, y también sus alegrías y sus magias. Se ama y se llora lo que tiene más rating; parece que una legión de oportunos fantasmas nos ahorrara las peripecias y la pasión de vivir. Pero no es que desaparezca el mundo real: sólo pierde importancia. Al fin y al cabo hay que trabajar para pagar las cuentas de la energía y del cable, para sufragar los gastos del sueño compensatorio.

Y también para esa vida secundaria hay cámaras, y hacen siempre más interesante lo ya archivado que lo tediosamente presente. Convierten todo instante en el boceto de un posible espectáculo. “Ser es ser retratado”, dijo alguien. No hay que vivir nada, pero hay que retratarlo todo: fiestas, celebridades, lugares. He estado esta semana en Notre-Dame de París: nadie miraba los vitrales, todos miraban las pantallas. Nadie miraba lo que iba a dejar allí: todos mirábamos lo que nos estábamos llevando. No deja de ser intrigante este ingenuo, casi inofensivo, saqueo virtual del mundo. Como si no importara lo que vemos, sino lo que queremos llevarnos, la sustancia de lo real permanece cada vez menos interrogada. Nos llevamos su momentánea superficie: ella nos producirá, más tarde, no la alegría de entender, sino el consuelo de haber visto, la vaga sensación de haber estado allí.

Pero quizá, como le decía Antístenes en las calles de Atenas a un joven que lloraba por haber perdido unos manuscritos: “Más te valdría haberlos escrito en el alma y no en el papel”. Ya no tenemos fe en la memoria ni confianza en el pensamiento: son las pantallas las que deben recordar, las fotografías dicen lo que el propio lenguaje ya no sabe decir.


Sin embargo, qué tedioso es ver fotografías donde no hay nadie conocido ni célebre. Mejor ver tigres de Bengala, islas de flamencos rosados, marmóreas nubes de atardecer, primeros planos de mecanismos cromados, olas cristalinas capturadas desde el interior. Sólo en la fotografía el mundo parece de verdad visible; allí es posible detener el instante; como quería Rimbaud, “fijar el vértigo”.

Tal vez nos abruma esta danza loca, y queremos, como el poeta, detener el instante, suspender el tiovivo en el momento de mayor plenitud. Tal vez nos abruma la vida como sucesión. Pero las fotografías también tienen su peligro: nos vemos hace quince años y comprobamos espantosamente el paso del tiempo. Las engañosas cámaras sólo fingían detener el espectáculo. El río sigue su curso, nos desgasta, pocas veces nos mejora. Y casi añoramos esas épocas que se admiraban menos, pero que se miraban menos también; cuando la vida era vida, no espectáculo; cuando había menos que admirar y más que aprender.

Pero estamos atrapados en esta edad de filmes y de estampas. Y el turismo casi no nos permite viajar. Porque viajar era antes un asunto de asombro y de riesgo: ahora sólo puede ser lo exótico domesticado, todo bajo control. Las fotografías de nuestro futuro viaje ya fueron tomadas. Nos vacunamos contra la experiencia como contra la fiebre amarilla, llevamos repelente contra lo inesperado, antes de partir ya estamos de regreso.


Y el día no acaba de irse: llena la noche con sus noticias, con sus goles, con sus escándalos. La luz, que se apagó en el cielo, vuelve en las pantallas. El pasado inmediato muestra de coletazo sus rincones, sus estampas sublimes o triviales. No hay balance posible: sólo datos. Es sólo un día más, una jornada. Y vuelven a nosotros las palabras de Eliot: “¿Dónde está la vida que hemos perdido en vivir? ¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento? ¿Dónde el conocimiento que hemos perdido en información? Veinte siglos de historia humana nos alejan de Dios y nos aproximan al polvo”.

* William Ospina, poeta, ensayista y ahora novelista. Sus relatos Ursúa y El país de la canela ya tienen un lugar en la historia de la literatura de habla hispana.

tomado de http://elespectador.com/columna167238-imagenes